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jueves, 26 de junio de 2008

viernes, 30 de mayo de 2008

EL HOMBRE OPACO


El hombre opaco ya no cree en nada por lo que luchar.
El hombre opaco se disfraza de noche urbanita en busca de carroña.
El hombre opaco se alimenta de la miseria ajena para calmar su propia soledad.
El hombre opaco parece no tener alma, debió venderla hace tiempo o se la robaron. O, quizás, la esconde en el fondo del armario porque ya no se estila ese tipo de prendas.
El hombre opaco se refugia y te observa desde la cómoda distancia que le dan el oro marrón y el cáliz caliente que adormece y cobija su corazón en fuga.
El hombre opaco me observa. Sé que está cerca y tengo miedo porque cuando se fija en ti quiere decir que ya estás muerta. Sin embargo, existe una conexión misteriosa que me acerca a él...
Pero yo quiero pensar que es el sufrimiento el que opaca su existencia. Al fin y al cabo, si no creyera...

martes, 29 de abril de 2008

EL HOMBRE SOLITARIO





Era ya la una del mediodía cuando "Él" se levantó, por fin, y decidió salir a continuar con la fiesta. La noche anterior había resultado demasiado intensa, le dolía la cabeza y le palpitaban las sienes. Levantarse había sido todo un desafío a las leyes de la gravedad, todo giraba alrededor de su cama y tenía la sensación de que si ponía un pie en el suelo caería en las fauces de algún tiburón que vagase hambriento por aquel triste y solitario océano en el que se había convertido su casa. Pero fuera se divisaba tierra firme, las calles bullían y los adoquines rujian. Así que hizo de tripas corazón y sacó sus garras para poder aferrarse de nuevo a la vida, al bullicio de la gente que chillaba y danzaba en la bacanal del despilfarro y el despiporre. Se puso en marcha con las gafas solares que le había regalado sólo dos semanas antes. -¡Dos semanas antes!, ¡sólo diez días!- le resultaba demasiado doloroso el pensar que, apenas diez días antes, había acariciado su hermoso cabello por última vez; sólo diez días desde que rozara con sus labios aquel hoyito infantil que le salía en la barbilla y que a él tanto le gustaba. Entonces se dio cuenta de que no había desayunado; papel, tabaco, mechero, china...todo estaba correcto, como siempre.
El sol, regio y dominante, se encontraba en su cénit en el mismo instante en que "Él" cruzaba el río por el puente romano con un cierto mareillo pero muy agusto, saboreando cada paso que daba y percibiendo todas esas pequeñísimas cositas que suelen pasar desapercibidas pero que no dejan de tener su encanto y dulzura para un espíritu abierto ( sobre todo con la ayuda del cannabis ).
Entonces se encontró con "Ella".
"Ella" se interpuso en su camino como llevaba haciéndolo toda la mañana en el camino de muchos otros. Su intención era clara y calculada, pero, a su vez, muy complicada; y más esa mañana que tan mal había escogido para despertar las conciencias y los corazones en busca de un poco de dignidad y empatía hacia el ser oprimido. Cuatro horas agotadoras y sofocantes perdidas, sudando sin parar para conseguir solamente alguna que otra risa burlona y muchos, muchos desplantes. En otras circunstancias no le hubieran afectado tanto, pero aquellos días andaba más sensible de lo normal: su vida necesitaba un giro de 360º, todos sus problemas se habían unido para boikotearla hasta acabar con el último saquito de provisiones que mantenían su cordura y sentido común.
A "Él" le hizo gracia la forma que tenía "Ella" de entrar, sin permiso, en las burbujas ajenas. Sin darse cuenta se había dejado embaucar y abrir su burbuja también en un juego de seducción que "Ella" dominaba a la perfección. A "Ella" le saco del vacío lo cómico y entrañable que resultaba verle a "Él" tirar el móvil sin querer al suelo tres o cuatro veces seguidas y buscar el equilibrio necesario para encenderse el porro mientras intentaba firmar la hoja de ayuda.
No hicieron falta demasiados esfuerzos para conectar, eran dos desconocidos unidos por un lazo invisible. Sin saberlo se necesitaban el uno al otro, sólo por un día, sólo por ese día que había comenzado tan amargo y distante para ambos. Se entendían sin necesidad de abrir sus almas, "Él" veía a través de sus ojos y "Ella" intuía a través de sus lentes oscuras y sus gestos.
"Él", noble guerrero.
"Ella" ...

miércoles, 9 de abril de 2008

¡A SUS ÓRDENES MI CAPITÁN!






¡Sí Capitán, mi Capitán!



¡A su servicio siempre!


¡Lo que Usted diga!....





¡Faltaría más! No osaré replicar a sus majestades reales. Al fin y al cabo, no soy más que una pobre niñita inocente y caprichosa. ¡Jo!, ¡Ya me vale!





No me gusta dar esplicaciones de mis actos.


No me gustan los machitos.


No me gusta la gente que va de segundas.


No soporto la prepotencia y menos los que miran por encima del hombro.


No consiento que me infravaloren (para eso me vasto yo solita) ni que decidan por mí.





No hay nada más ridículo que las disputas entre hombres.


Me sobra gente maja con la que hablar y motivos por los que luchar.


No voy a seguir derrochando energía por esto

martes, 1 de abril de 2008

EL HOMBRE ROJO


Pantalones color vino.

camisa color vino.

Calzoncillos color vino.


Ojos mar.


Sonrisa de luna.
Alma violeta.


martes, 25 de marzo de 2008

UNA NOCHE CON SESÉ (FINAL)





-Eres como de porcelana...

-....

-ese colgante que llevas es africano

-sí, creo que lo hacen de un a semilla.

-¿ te gusta la música africana? Yo toco la percusión en un grupo.

- ¡Qué güay! Me gustan las danzas africanas.

......


Como ya estoy más que arta de esta historia, os diré que no pasó nada. me fui a dormir a casa de unos amigos y punto.

Nos hemos hecho amigos, mucho más enriquecedor que los rollitos de media noche.

FIN



Dedicado a todos los pelmazos y seguidores de la triología.

PD: Ahora que ya sabéis el final, espero que prestéis más importancia a mis otros escritos (sobre todo a esos en los que trato de despertar y hacer despertar)

Gracias.


miércoles, 27 de febrero de 2008

UNA NOCHE CON SÉSÉ ( CONTINUACIÓN)

-¿BAILAS? ( me tira del brazo )



-( tardo en reaccionar y me mueve como si fuera una muñeca de trapo ) ¡no!, ¡no!, gracias. ( me separo)



- baila conmigo ( me vuelve a atrapar en sus garras )



-es que ... no sé bailar ( me pongo colorada de vergüenza e indignación )



- yo tampoco, pero da igual, cada uno baila como quiere ¡mira a tu alrededor!







En ese punto, empieza a mover las caderas a ritmo de salsa.







Yo, cada vez más alucinada, ya no sabía qué hacer y me entraba la risita tonta. Era como decir:



" pero bueno, pero bueno, ¿qué es esto?, ¿por qué me pasan a mí estas cosas?, ¡con lo modosita que soy yo!"







Mientras tanto, dos chavales a mi lado se peleaban por mi hermana:



- ¡es mía!



-¡qué no!, ¡qué es mía!, ¡yo la vi primero!



-¡no!, ¡yo llegué antes!







En otras circunstancias, toda esta atmósfera subrealista me hubiera provocado un gran enojo, rabia, cólera, deseos de aniquilar. Sin embargo, no podía parar de reír. Estos machitos enagenados parecían sacados de otra época; pero, a su vez, he de reconocer que saboreaba un cierto regustillo al contemplar cómo el hombre se humilla por la mujer deseada.







Sésé sabe como agarrar a una mujer. Es un caballero como los de antes, en ese sentido; mezcla la suavidad y delicadeza de la flor, con la fuerza y elegancia de la pantera. Además es " muy chulo ", chulo con estilo. Y, para colmo, sabe hablar, sabe escuchar, sabe... ¡sabe latín!



Así iba transcurriendo la noche, entre las disculpas para no bailar ( "con la mochila no puedo", " me da vergüenza", " hoy no es el día"...), las risitas, los cubatas de la gente ( que, no sé por qué, tendían a caerse siempre en mis pantalones ), mi hermana que no sabía cómo deshacerse de sus acosadores, las envidiosas de turno intentando meterse por medio, Paco de Lucía, Camarón ...






No sabía donde meterme. Evitaba mirarle y sólo quería que me tragara la tierra, salir corriendo de allí. Pero él, además de ser muy persuasivo, no me soltaba.





(Continuará)



martes, 26 de febrero de 2008

UNA NOCHE CON "SÉSÉ"

SÉSÉ es un peaso de hombre que baila flamenco a ritmo de salsa. Es gruísta y vive en Vista alegre ( Madrid). Africano, percusionista, cachas, tiene mucho, pero mucho ritmo en las caderas.


Cuando llega el fin de semana, le gusta pasarse por Lavapies; a última hora, por el Candela, ese garito andaluz donde van todos los vampiros, desesperados y sedientos de lujuria y perversión.

Él estaba allí. de pie, solo, inmóvil, con los brazos cruzados y las piernas abiertas, vigilante, observador, atento, controlador... de hecho, al principio, yo pensaba que era una especie de vigilante de seguridad contratado por el dueño del bar. Pero estaba confundida, su papel era el de ave rapáz que otea el horizonte en busca de su última presa de la jornada.


Yo, de alguna manera, notaba que estaba pendiente de mí. Sentía sus garras en la nuca, aun estando a varios metros de distancia y separados por una barricada, prácticamente infranqueable, de despojos humanos poseídos por por el deseo y el alcohol, bailando y rozándose unos con otros en busca de pasión y amor. La temperatura subía más y más, y todas las criaturas de Satán se iban liberando gradualmente de su yugo de represión e inseguridad; desnudándose de sus verguenzas y quitándose sus caretas de autómatas disciplinados para entrar en otra dimensión, en el mundo del roze y el tocamiento inevitable.

Las mujeres, reinas del mundo de Satán, se volvían seductoras y provocadoras; dueñas y señoras del deseo, llevaban a cabo el duro trabajo de selección del compañero de juegos morbosos de la noche.


Ellos, incontrolables, nerviosos, ansiosos... se lanzaban, en un último intento, a por la primera mujer que les miraba; desesperados, desnudos del todo, sin importarles ya que se notara su excitación, embriaguez y patetismo a la hora de ligar.


En este punto de la noche, un americano se me acercó y comenzó a preguntarme cosas absurdas para romper el hielo. Pero Sésé, que no perdía el control de la situación, al aparecer un contrincante en el juego, decidió pasar a la acción e iniciar la lucha por el papel de macho dominante; había que marcar el territorio, y sabía que el americano amable y con modales de señorito no era rival para él.


Su estrategia era segura y maquinal. Lo primero era estudiar al enemigo y, con un rápido vistazo, ya poseía el conocimiento necesario acerca de sus debilidades. A partir de aquí, el juego estaba ganado sin esfuerzos.


Se acercó, desplazó al blanquito con una simple mirada y comenzó la exhibición de su fuerza y cualidades masculinas ante la hembra escogida.


Sabía que la conquista de la mujer iba a suponer un gran trabajo, esfuerzo y dedicación ( ella no era fácil de dominar como el macho contrincante expulsado del territorio), pero este desafío a su poder le gustaba y hacía que se sintiera aún más atraído.


(continuará)
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